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¿Por qué existe una mala calidad en la educación en América Latina?





En 2017, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), publicó el informe de un diagnóstico realizado en América Latina sobre el estado actual de la profesión de los docentes y el impacto de estas condiciones, en la calidad de la educación. El objetivo de este artículo se centrará en los puntos que me han parecido más relevantes sobre este estudio.

Sin temor a equivocarme, es una idea generaliza, y a veces comprobada, que la calidad de la educación en México no es la más adecuada. Quienes hemos pasado por un proceso formativo formal hemos conocido o experimentado, docentes sin habilidades para desempeñar su trabajo, asignaturas de relleno, sistemas administrativos poco eficientes y otras situaciones que reflejan las deficiencias que enfrenta la educación en México. A pesar de todo esto, hay una buena noticia: ¡No estamos solos! La región de América Latina esta en está en la misma situación.

Hablando seriamente, sí hay una buena noticia: Desde hace años, los países de esta región han experimentado un aumento de la población que accede a la educación básica. La educación primaria ha llegado a un 90% de la población, mientras que en secundaria la cobertura es del 76%.
Sin embargo, también es cierto que el desempeño de los estudiantes en pruebas internacionales no han sido el mejor. De hecho, en el informe se menciona que estos países tuvieron un desempeño peor al que se esperaría de acuerdo con su PIB per cápita.

La pregunta importante aquí es: ¿Qué ha sucedido para que América Latina esté en esta situación? Este informe del BID muestra que existen dos factores históricos que dan respuesta a esta interrogante:

  1. La rápida expansión de la cobertura escolar y los cambios en la profesión docente.
  2. Los cambios en el mercado laboral femenino.



Expansión de la cobertura escolar

Algunas de las consecuencias del compromiso adoptado por los países para lograr que cada vez más niños y jóvenes pudieran acceder a los sistemas de educación básica, fueron la necesidad de ampliar la cantidad de docentes en las escuelas y la de contar con la infraestructura necesaria para acoger a los alumnos.

Para lograr esta rápida expansión de los profesionales, los gobiernos y las instituciones minimizaron los requisitos de ingreso al trabajo docente (logrando que personas sin la preparación adecuada estuvieran en las aulas) y expandieron la oferta educativa para la formación de profesores. Esta oferta educativa muchas veces no fue regulada de la mejor manera, de modo que aparecieron programas educativos de baja calidad, se redujo la duración de los programas de formación docente (en algunos países había programas que duraban 6 meses) y en general, proliferó un sistema que generó profesionales poco capacitados para el trabajo. Además, ante la gran cantidad de profesionales, los salarios en esta área disminuyeron drásticamente.

Por otro lado, el espacio físico para atender a la gran cantidad de alumnos que ingresaban al sistema educativo rebasó la capacidad de los gobiernos, por lo que las clases se dictaban en condiciones físicas desfavorables. Situación que no ha cambiado actualmente.

En conclusión, disminuyó el prestigio de la profesión, y con ello la motivación de jóvenes talentosos de seguir una carrera en educación. Como ejemplo, en este reporte se menciona que los estudiantes de secundaria que tienen aspiraciones de seguir una carrera en ingeniería, economía y similares, muestran un mejor desempeño académico que aquellos que pretenden hacer carrera en educación.

Aunado a esto, también existieron (y persisten), sistemas educativos mal gestionados. Por ejemplo, en algunos países existe un sistema de evaluación docente, sin embargo, en muchas ocasiones no se establecen estrategias o medidas para recompensar, mejorar o sancionar los resultados.


Cambios en el mercado laboral femenino

Quiero hacer notar que referente a este punto no concuerdo con lo planteado en el informe, y no quiero dejar a un lado el hecho de hacer notar, que considero poco acertado este análisis. 

En resumen, lo que este punto plantea es que el cambio en el mercado labora femenino ha hecho que las mujeres puedan optar por carreras mejor remuneradas o con mayor prestigio y eso ha significado que se alejen del ámbito de la educación. 

Sin embargo, no considero que sea relevante que las mujeres cada vez consideren menos esta opción laboral; en general, el problema está en que cada vez menos personas están optando por esta vía por el desprestigio de la profesión, las malas condiciones laborales, la remuneración inadecuada, la baja calidad de los programas formativos y las deficiencias en la regulación del sistema educativo.


¿Cómo volver más atractiva la profesión docente?

El informe plantea algunas estrategias, que, convertidas en política pública, pueden mejorar la calidad de los sistemas educativos en América Latina:

  1. Carrera meritoria. Estudios en México y Colombia han demostrado que los docentes que tiene oportunidades de crecimiento profesional basado en sus méritos, tiene un mayor impacto en el aprendizaje de sus estudiantes.
  2. Salarios más competitivos. Estudios señalan que los salarios bajos dificultan el reclutamiento y la retención de personas mejor calificadas para el trabajo.
  3. Selectividad en el ingreso. Los sistemas educativos de países con buenos resultados educativos tienen sistemas de selección rigurosos para el ingreso a los sistemas de enseñanza docente.
  4. Becas y créditos para estudiantes. Existe evidencia que indica que los incentivos económicos permiten atraer a los candidatos más capaces. Así mismo permite atraer a mayores candidatos a las áreas donde son necesarios.
  5. Regulación de programas. Esta regulación se dirige a brindar autonomía a las instituciones en la elaboración de sus programas, siempre y cuando demuestren la eficiencia de sus egresados.
  6. Componente práctico en los programas. Estudios en Brasil sugieren que los programas en los que los profesores en formación que realizan prácticas en escuelas públicas, contribuyen a la formación y motivan a los estudiantes a concluir sus estudios. Los efectos positivos de estas prácticas también se han observado en los docentes de las escuelas donde se realizan.
  7. Acreditación de programas. Aunque existe poca evidencia al respecto, se sugiere que existe una relación positiva entre la acreditación de las instituciones de educación superior y la calidad de la formación de sus graduados.

Si bien es cierto que este estudio realizado por el BID no ha "descubierto el hilo negro" sobre la calidad de la educación en esta región, sí permite visibilizar el problema y eso, supone un avance importante. Así, hacer visible y consciente las condiciones que permitieron que la educación actual esté en el estado en la que se encuentra, permitirá que los sistemas, instituciones y personas involucradas en esta ámbito, podamos dirigir nuestros esfuerzos a restablecer una educación de calidad.




Referencia: Elacqua, G., Hincapié, E., Alfonso, M., Montalva, V. y Paredes, D. (2017). Profesión: profesor en América Latina. ¿Por qué se perdió el prestigio y cómo recuperarlo?. Banco Interamericano de Desarrollo

Para descargar el documento original: https://publications.iadb.org/handle/11319/8620

La ciencia vs los estilos de aprendizaje




Si eres docente o estás inmerso en el área de la educación (u otras áreas relacionadas) probablemente has escuchado acerca de los estilos de aprendizaje. Es probable que la idea de que “existen alumnos que son visuales y aprenden mejor con un video que escuchando al maestro”  te suene lógico aunque no seas un profesional de la educación.

¿Qué pasaría si te dijera que no existe evidencia científica que respalde el uso de los estilos de aprendizaje?

Hace unas semanas, platicando con un colega sobre cómo algunos de mis compañeros de clase de la Especialización en Docencia, se han obsesionado con el uso de los estilos de aprendizaje en sus centros de trabajo, me recomendó leer  el artículo de Kirschner (2017) que precisamente clarifica los problemas que existen en torno a este tema.

En esta publicación haré un resumen de este artículo, que recientemente se publicó como comentario invitado en la revista Computers & Education. He organizado la información en 4 partes, que se desarrollan a continuación:

Los estilos de aprendizaje.
De forma breve, la teoría acerca de los estilos de aprendizaje establece que existen diferencias en las características de las personas en cuanto a su forma de aprender, y que si adaptamos la instrucción educativa de acuerdo a ellas potencializaremos el aprendizaje en los estudiantes. Es decir, si un alumno tiene un estilo auditivo, aprenderá mejor si escucha al profesor que si se le pide identificar las ideas principales de la lección en el libro de texto. Esta idea es atractiva, ya que de este modo se consideran las diferencias de los estudiantes, propiciando un clima de inclusión. No obstante, existen problemas importantes sobre el uso de los estilos de aprendizaje

1. El problema de la clasificación:
De acuerdo a los modelos que explican los estilos de aprendizaje, los estudiantes pertenecen a un grupo específico de estilo de aprendizaje (por ejemplo: los que son visuales o los que son auditivos); sin embargo, las características de las personas en las diferentes dimensiones del ser humano, son un continuo y no categorías específicas y concretas. Por ejemplo, consideremos los estilos concretos vs abstractos. En la figura 1, la teoría indicaría que los sujetos A y B son concretos y C y D son abstractos, ya que ambos se ubican de un lado u otro de la media (µ).


Sin embargo, al observarlas en un continuo (figura 2), que es como realmente se presentan las diferencias en las personas, vemos que los sujetos B y C están en una posición cercana, lo que implica que éstos no tienen diferencias extremas, como se plantea desde la teoría de los estilos de aprendizaje.  


Otro problema tiene que ver con el número de clasificaciones. Se ha llegado a establecer 49 estilos diferentes que se combinan y relacionan (por ejemplo, en el Learning Style  Analysis, uno de los instrumentos más complejos para medir los estilos de aprendizaje). Si consideramos tan sólo 30 variables dicotómicas (por ejemplo visual – auditivo) entonces hay 1, 073, 741, 842 estilos de aprendizaje diferentes. Son incluso más que la cantidad total de habitantes estimados en México. Es decir, hay al menos un estilo por cada persona. Si lo consideramos de forma práctica, en un aula de 35 alumnos tendríamos 35 estilos distintos de aprendizaje, por lo que tendríamos que adaptar la forma de enseñar de 35 formas distintas en cada lección. Además, esta cantidad hace que este sistema sea tan poco claro, que no sería sencillo etiquetar a los alumnos en un estilo particular.

2. El problema de la validez:
Pese a que existen instrumentos para medir los estilos de aprendizaje y de la amplia literatura al respecto, la realidad es que no hay una manera confiable y válida para establecerlos. Coffield y otros (2004, en Kirschner, 2017), evaluaron las propiedades psicométricas básicas de 13 instrumentos utilizados con más frecuencia para medir los estilos de aprendizaje, encontrando que ninguno de ellos cuenta con todos estas propiedades (Tabla 1).


Por otro lado, la forma popular en la que se miden los estilos de aprendizaje, es a través de la autoevaluación. Es decir, que las personas indican las formas en las que prefieren aprender y con ello, se les encasilla en uno u otro estilo. No obstante, hay estudios que demuestran que los jóvenes a menudo mienten cuando reportan sus propias conductas. Además, se ha encontrado, que muy pocas veces se correlaciona la preferencia del alumno con sus habilidades reales. Por ejemplo, los estudiantes que reportaron preferir la información visual, tenían deficiencias reales en su capacidad espacial.
Otro inconveniente con la autoevaluación es que, cuando una persona reporta que prefiere aprender de cierta forma, no significa que ésa sea la mejor forma para ellos. Por ejemplo, que un niño prefiera cenar dulces, no significa que sea lo mejor para él. En un metaanálisis (Clark, 1982 en Kirschner, 2017) se encontró que los estudiantes que indicaron preferencia hacia cierta forma de estudiar, no mejoraron su rendimiento académico cuando estudiaron de ésta forma, y que incluso en algunos casos, el rendimiento empeoró.

3. El problema del método:
Para determinar si una persona visual aprende mejor con video que escuchando un programa de radio, no basta con estudios de simple correlación. Una investigación adecuada debe realizarse considerando: a) determinar los estilos de aprendizaje y la adaptación de la instrucción educativa; b) distribuir aleatoriamente  a los participantes en dos grupos; uno donde coincidan su estilo de aprendizaje con la la forma de presentar la información (por ejemplo, verbales a los que se les enseñe con textos), y otro donde el tema se presente de una forma contraria a su estilo (por ejemplo, verbales a los que se les enseñe con un video); y c) poderle a ambos grupos la misma prueba de evaluación.
Considerando esta metodología, diversos estudios[1] han encontrado que no existe relación entre el tipo de actividad con el que se enseña (según su estilo) con el desempeño académico.

4. El problema del uso.
Se ha mencionado anteriormente que el objetivo de determinar qué estilo de aprendizaje se tiene, es el de adaptar la instrucción educativa de acuerdo a ello, de tal forma que se consideren las diferencias de los alumnos y se garantice un aprendizaje adecuado. Por ejemplo, un estudiante con estilo verbal, aprendería mejor leyendo el libro de texto que escuchando un podcast.
Algunos problemas al respecto se han planteado anteriormente. La existencia de la enorme cantidad de clasificaciones posibles y su complejidad, dificultan ésta tarea. Por otro lado, la falta de instrumentos y métodos válidos y confiables para determinarlos, implican que la primera tarea para lograr este objetivo no es posible de completarla.
Sin embargo, el mayor problema está en que no existe tal relación entre los estilos de aprendizaje, la forma en la que se proporciona la información y el rendimiento académico. Por ejemplo, los modelos teóricos de los estilos de aprendizaje, indican que las personas que aprenden mejor a través de ejemplos son de estilo concreto, en tanto que aquellos que aprenden mejor con información más compleja son de estilo abstracto. Sin embargo, no existe evidencia rigurosa que explique esta relación. An y Carr (2017) concluyen que en realidad, depende de los conocimientos previos y el nivel de experticia. Aquellos que no conocen suficiente sobre un tema aprenden mejor con ejemplos concretos, ya que no tienen el conocimiento para comprender información más compleja. En tanto que los expertos no requieren de ejemplos, sino que son capaces de comprender textos abstractos.

Conclusión
No cabe duda de que existen diferencias individuales en los estudiantes y que probablemente éstas, influyan en su rendimiento y en la forma en la que aprenden. Sin embargo, los estilos de aprendizaje no son  la mejor forma de entenderlos ni el mejor marco teórico que se puede usar para potenciar, modificar o considerar éstas diferencias a favor del aprendizaje.




[1] En el artículo original se pueden consultar las referencias a dichos estudios.


Referencias

An, D., & Carr, M. (2017). Learning styles theory fails to explain learning and achievement: Recommendations for alternative approaches. Personality and Individual Differences, http://dx.doi.org/10.1016/j.paid.

Kirschner, P. A. (2017). Stop propagating the learning styles myth. Computers & Education, 106, 166-71. 









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