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Buena nutrición contra la violencia y la delincuencia



Este mes de octubre se celebra el Día Mundial de la Alimentación (específicamente el 16 de octubre), por lo que me parece un buen pretexto hablar sobre la nutrición y su relación con la violencia y la delincuencia. Si ustedes han trabajado con el tema de la violencia y la delincuencia, seguro saben que hay muchas causas asociadas a ella. Pero quizás una de las menos difundidas por los medios de comunicación es la nutrición. Y es que en mi muy personal opinión, creo que una buena campaña de nutrición en México podría ser beneficioso para reducir la delincuencia a largo plazo (junto con otras acciones por supuesto).

Y es que como verán a continuación a lo largo de este artículo, existe evidencia científica y sólida sobre la relación entre una mala nutrición y la posterior expresión de conductas violentas y agresivas. Algunos estudios han mencionado que posiblemente se deba a la falta de ciertas vitaminas o nutrimentos, como en el caso de Rosen (1996) quién encontró que casi una tercera parte de la población de delincuentes juveniles (mayoritariamente hombres), muestran evidencia de una deficiencia de hierro en la sangre. Quizás uno de los factores más importantes sea igual la nutrición que tiene una madre durante la gestación de su hijo, ya que algunos estudios encontraron que las madres que tienen un mala nutrición tendrán hijos con una mayor probabilidad de cometer conductas delictivas (Neugebauer, Hoe y Susser, 1999). Otros estudios con animales (específicamente ratas) mostraron que cuando son privados de zinc y ciertas proteínas durante la infancia o lactancia hasta niveles marginales exhibieron posteriormente mayor agresión (Tikal, Benesova y Frankova, 1976).




Pero ¿Por qué la nutrición está asociada con la violencia? Algunos estudios han visto que la falta de zinc y deficiencia de proteínas en humanos durante el embarazo está relacionada con detrimentos en el ADN, RNA y la síntesis de proteína durante la formación cerebral (King, 2000). Y si recuerdan, la formación de ciertas estructuras cerebrales está íntimamente ligada a la violencia (como el caso de la corteza orbitofrontal o ventromedial). Ciertamente si una mala nutrición está asociada con un desarrollo de cerebral inadecuado, ya podrán imaginarse porque la pobreza está tan relacionada con la violencia. Vivir en pobreza muchas veces significa comer lo que se tenga, no necesariamente lo que el cuerpo requiere. Por tal motivo, es de vital importancia cuidar la alimentación de la madre durante el embarazo, pero también de los niños durante toda su infancia y adolescencia.

Y seguramente se preguntarán: Pero Julio, ¿Por qué además la nutrición debe ser cuidado tanto incluso después del periodo de gestación? Verán, algunos estudios sobre desarrollo cerebral han mostrado que la parte del cerebro que inhibe conductas, regula las emociones, y limita la agresión no se desarrolla completamente sino hasta casi los 20 años (Ver figura 1). Y es precisamente por eso, que también es tan peligroso que los adolescentes consuman sustancias desde edades tempranas, o más bien, mientras su corteza prefrontal no se desarrolle completamente (aunque por supuesto, eso sería motivo para otra posterior publicación).

Figura 1. Desarrollo Cerebral (El azul representa las áreas maduras del cerebro).


Dada toda esta evidencia que existe, me pregunto yo ¿Qué acciones se han emprendido para prevenir la violencia y delincuencia por medio de esta variable que estoy seguro tiene efectos a largo plazo? Ciertamente la Cruzada Nacional contra el Hambre pareciera ser una buena respuesta, pero lo cierto es que si visitan su página web, entre sus objetivos no encontrarán información que señale que entre sus objetivos sea disminuir la delincuencia (http://sinhambre.gob.mx/objetivos-de-la-cruzada/). Sus objetivos básicamente hablan sobre una buena nutrición para personas con pobreza extrema y disminuir la obesidad. Si bien me parecen bueno objetivos, a mi parecer es necesario incluir entre los objetivos del programa uno que hable de su uso para prevenir la violencia, ya que la incluirlo, necesariamente su implementación será dirigida a comunidades pobre con altos índices de delincuencia como prioritarios. Ciertamente el gobierno necesita basar más sus políticas públicas en evidencia científica, pero más que nada, es trabajo de nosotros, los profesionales que prevenimos la violencia y la delincuencia, educar a políticos y la gente en general de todos los avances científicos que han determinado los factores relacionados con la violencia. ¿O a poco creen que todo mundo sabe que la nutrición esta tan relacionada con la violencia?

Si les gusto el tema y quisieran investigar más al respecto, les recomiendo el artículo de Adrian Reine (2002) donde ahonda más sobre el tema.

Referencias


ResearchBlogging.org Raine, A. (2002). Annotation: The role of prefrontal deficits, low autonomic arousal, and early health factors in the development of antisocial and aggressive behavior in children Journal of Child Psychology and Psychiatry, 43 (4), 417-434 DOI: 10.1111/1469-7610.00034

Rosen, G., Deinard, A., Schwartz, S., Smith, C., Stephenson, B., & Grabenstein, B. (1996). Iron deficiency among incarcerated juvenile delinquents Journal of Adolescent Health Care, 6 (6), 419-423 DOI: 10.1016/S0197-0070(85)80045-0

Neugebauer, R., Hoek, H., & Susser, E. (2000). Prenatal Exposure to Wartime Famine and Development of Antisocial Personality Disorder in Early Adulthood Obstetrical & Gynecological Survey, 55 (1) DOI: 10.1097/00006254-200001000-00005

Tikal, K., Benešová, O., & Fraňková, S. (1976). The effect of pyrithioxine and pyridoxine on individual behavior, social interactions, and learning in rats malnourished in early postnatal life Psychopharmacologia, 46 (3), 325-332 DOI: 10.1007/BF00421122

King JC (2000). Determinants of maternal zinc status during pregnancy. The American journal of clinical nutrition, 71 (5 Suppl) PMID: 10799411

Prevención de la violencia en ámbitos escolares: directrices en Latinoamérica

Los adolescentes, hombres y mujeres, forman parte de la población, probablemente, más afectada por la violencia, tanto como víctima (abuso físico, sexual, verbal y psicológico, abandono y negligencia) o como agresores, incluidos a quienes participan en el crimen organizado y narcotráfico. 

En las últimas décadas, en América Latina, el tema de los niños, niñas y adolescentes que están involucrados con la violencia y la delincuencia, ha adquirido creciente relevancia en el debate público, en las agendas de los gobiernos y en los foros y las conferencias internacionales (Comisión Económica para América Latina y el Caribe [CEPAL], 2009).  Se dice que a partir de la inclusión de los niños, niñas y adolescentes dentro de las políticas públicas de las naciones, ha sido un tema prioritario; sin embargo, considero que como la mayoría de las cosas, ha sido en respuesta a la presión de organismos internacionales de Derechos Humanos (al menos a México), que ha llevado a realizar ajustes legislativos y en política publica para “cumplir un requisito”

Por ejemplo, en México, los niños, niñas y adolescentes han visto mermado su desarrollo por múltiples factores. En nuestro país, la pobreza es uno de ellos, que si bien no es un factor determinante, si es uno relacionado con la delincuencia juvenil. La población infantil y adolescente , experimenta la pobreza en una proporción mayor que la población en general y que la población adulta. En el 2012, el 53.8 % de la población de 0 a 17 años se encontraba en situación de pobreza en México, es decir, 21.2 millones de menores de edad presentaban carencias en el ejercicio de al menos, uno de sus derechos sociales y vivían en hogares sin acceso a los recursos monetarios suficientes para adquirir los bienes y servicios requeridos por todos sus integrantes. A su vez, el 12.1 % de las niñas, niños y adolescentes se encontraban en situación de pobreza extrema ese año, lo que implica que 4.7 millones de ellos tenían carencias en el ejercicio de tres o más de sus derechos sociales y formaban parte de hogares con un ingreso insuficiente para satisfacer sus necesidades alimentarias (CONEVAL y UNICEF, 2013).

Con respecto a las estrategias que se implementan para la disminución de la violencia juvenil, se han realizado esfuerzos que son escasamente conocidos y dentro de ellos, pocos cuentan con un abordaje bien definido, que incluya, el registro adecuado de evidencias para definir cuáles son las estrategias que han logrado un impacto positivos en la prevención de la violencia que afecta a niños y adolescentes. 

El texto que les comparto hoy, fue elaborado por la Organización Panamericana de la Salud (2006)  y aborda el tema de la violencia en la  que participan niños, niñas y adolescentes, ya sea como víctimas o agresores, específicamente la que se desarrolla en el ámbito escolar. El documento brinda un recorrido desde la conceptualización de la adolescencia, el ámbito escolar y el objetivo de la prevención, el riesgo y la violencia. 

Hace una semblanza sobre el panorama latinoamericano para avanzar en el conocimiento de enfoques y experiencias, con la finalidad de aportar insumos a la discusión y elaboración de programas de intervención desde los ámbitos escolares. 

Esta información es útil desde el planteamiento de un marco conceptual y teórico amplio de la violencia en las escuelas y  de los adolescentes como víctimas y participantes del fenómeno. Considera enmarcar la prevención desde su evolución histórica para que sean entendidas las acciones aplicadas antes y ahora, como una forma de visibilizar la problemática de la violencia en las escuelas. Enriquece el hecho de que plantea ejemplos de cómo ha sido abordado el problema en diferentes países, y como en ellos han adecuado sus estrategias de acuerdo a sus necesidades y su forma de entender la problemática. 


Enfatizan la importancia de  realizar una correcta evaluación a los programas, colocando ejemplos de ello además de las evidencias que lo respaldan. Por último, plantea una serie de recomendaciones basadas en lo expuesto en el texto y en la evidencia de proyectos exitosos en el tema. Propone emprender cambios en el sistema educativo, en el fomento a la investigación, en la utilización de enfoques claros para abordar el problema, a los actores que participan en él, las diferentes estrategias desde las cuales se puede abordar el tema y trabajar en la creación de evidencias científicas de eficacia.

Los puntos que considero más importantes del texto son los siguientes:


Conclusiones 

Las investigaciones sobre violencia en las escuelas ponen de manifiesto 4 elementos importantes: a) las manifestaciones de la violencia en las escuelas tienen relación con dinámicas profundas de la comunidad social a la que pertenecen, b) los episodios de violencia en las escuelas no deben considerarse como eventos aislados o accidentales, c) las diversas manifestaciones de violencia en el contexto educativo ocurren con mucha frecuencia y d) la relación entre agresores y victimas es habitualmente muy extensa en el tiempo y muy estrecha en el espacio.

La violencia estructural es aquella que subyace en las instituciones culturales, económicas y sociales. Se expresa en la discriminación de sectores de la sociedad por edad, género, nivel socioeconómico, etnias, etc y facilita la existencia del autoritarismo, el terror, los abusos físicos y sexuales, la orfandad, etc. Este tipo de violencia también está inmersa en muchos casos donde se da la violencia escolar y podría ser analizada para observar su influencia en el fenómeno.

Un mismo factor puede considerar de riesgo o de protección en la medida que el adolescente haya desarrollado actitudes y destrezas de enfrentamiento. Así, habría que hacer la diferencia entre conductas de riesgo y conductas riesgosas. Las primeras comprometen aspectos del desarrollo psicosocial o de la supervivencia de personas jóvenes, que incluso pueden buscar el peligro en sí mismas. Las segundas son propias de los jóvenes que asumen cuotas de riesgo por las conductas que realizan, son conscientes de ellas y se pueden ver como parte del proceso de toma de decisiones en las condiciones que les ofrece la sociedad.  

También es importante considerar establecer puntos de partida y brindar información a quienes quieran investigar o intervenir en el tema, dejando evidencia de las estrategias que funcionan en el campo de la violencia en el ámbito escolar. Es necesario registrar y compartir las experiencias para no repetir los errores del pasado y acrecentar el conocimiento en el tema. 


Referencias

Krauskopf, D. (2006). Estado de arte de los programas de prevención de la violencia en ámbitos escolares. Organización Panamericana de la Salud: Washington. 

Comisión Económica para América Latina y el Caribe (2009). Capítulo IV. Violencia juvenil y familiar en América Latina: agenda social y enfoques desde la inclusión. Panorama Social de América Latina. 171-207. 

Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social [CONEVAL] y UNICEF, (2013). Pobreza y derechos sociales de niños, niñas y adolescentes en México, 2010. Reporte Ejecutivo.

They Got to Go Home

RESUMEN


A partir de un viaje hecho a Chicago con su clase de "violencia y No violencia", nuestra colaboradora nos presenta una reflexión sobre la violencia y discriminación social que sufren los niños en una comunidad en Chicago.

El contexto en el que se desarrolla esta experiencia es en la comunidad de Roseland, donde se ha detectado que los niños crecen en medio de  espacios pocos favorables de pobreza y los padres de estos tienen trabajo de medio tiempo remunerados desfavorablemente, situación que causa molestia en la comunidad.En este sentido, el hogar se convierte en un espacio importante para estas familias rodeadas por un ambiente social de violencia en el que las pandillas predominan, estas al mismo tiempo son reflejo de la necesidad de las personas de proteger y defender sus pertenencias.

Nuestra colaboradora, reflexiona también como la falta de interés y apoyo del gobierno para la comunidad, ha hecho que la sociedad se organice y surjan figuras líderes en la comunidad, como el caso de Diana, una mujer de clase media convencida que la educación es un factor de gran utilidad para la reducción de la violencia. Sin embargo en esta comunidad se tiene poco acceso a una educación de calidad, incluso se han cerrado tres escuelas  en la zona. La señora Diane cree que los estudiantes necesitan oportunidades y espacio para aprender que sean estructurados y seguros. Dirige un programa fuera de su casa para mantener a los adolescentes lejos de la influencia de las pandillas. Ella se ha convertido en un modelo a seguir en su comunidad para ayudar a poner fin a la violencia, convenciendo a los adolescentes que la vida tiene algo más que ofrecer, proporcionándoles un lugar seguro, así como el apoyo que estos necesitan.



They Got to Go Home 





Home is something I, myself, have struggled with. I didn’t grow up with terrible parents in fact, they are very loving and supportive. People close to me have had worse or similar stories. There were times when I didn’t want to go home because I didn’t want to be vulnerable to emotions. My father, who is a great man, always made me feel unworthy no matter how hard I began to work, and it took time for me to prove that I wasn’t just a couch potato, but the hardest time was when divorce faced my family. Thankfully my parents are still together, and the situation has transformed tremendously. I can say I grew up in a very supportive, caring community, but I was the one to shut it out.  Still to this day to protect myself, but the trip I currently made to Chicago with my Violence and Nonviolence class made me think about myself. When I see and hear the stories of children growing up in communities of violence, it concerns me because I can think about the reasons that made me want to avoid my house then, I think about how much harder these children have it. Not only are there lives engulfed in violence, but they face hard discrimination from society.  


The area most kids in Chicago I am referring to grow up in what is characterized by vacant lots, which don’t generate an income nor employment. Heavy industry used to provide economic stability however, popular sports provide seasonal employment, which is something but still isn’t enough. These men and women aren’t full time employers if they are working seasonal jobs. The lack of resources drive people to anger because they don’t have decent schools, or healthy markets to purchase produce from, or places to spend their time like movie theaters. Space and housing is an aspect that is very important to community members. Most of the violence is over space because gangs have developed a tribal style. Therefore, gangs are creating a larger number of smaller groups. Violence is very personal here because people want to protect what they have while trying to gain more. 

While situations are worsening in their area and hardly any help is given from the government or outside, they can see the help they desperately need be given to other privileged communities that don’t need it as much. The point made is very obvious with education, which is a vital part of the development for children. Diane, a lady the class met who runs a program basically out of her house to keep young teens out of the influence of gangs, told the group that three schools were shut down in the area in which she lives, Roseland, a place where another human beings life is taken by the street violence that has infested the community.  The opportunity students need to for structured and safe environment to learn in has decreased. Instead of being challenged with new ideas, kids will continue to follow the violence they learn from the generations before them. While there are students who strive to be better, their parents might be too “proud” with their own identity to care. Diane has become a leading role model in her community to help end the violence, convince young teens caught up in violence that life has something more to offer, provide a safe place, and ears that listen, but also challenge

I admired that Diane gave up so much of her time to listen to kids caught in tough a tough time. I feel like any oppressed group just wants to be heard. I feel these kids represent a part of global phenomenon. Everywhere there are going to be people that just want to be heard and understood, but in order to have power, I think Arendt’s definition of power needs to be applied in Roseland. As a collective group, they could have power, but due to the territorial boundaries that gangs have, I think that collectiveness is going to be hard to reach. However, there is hope with the children that have come to Diane. She expressed that she would have kids from a few various gangs in her small living space, but each individual wanted to reach a better end goal, so they gave up their differences. I believe that if the adults really want to see improvement in their community, they have to set aside the differences need to have a rightful conversation where each person is heard and understood. The struggle is that it takes time. Umar Ali stated when talking about the Muslim faith that since it viewed negativity, what they, as a Muslim community, try to do to counter balance is this to act in their peaceful ways. It surprised me that he said many Muslims are baffled that many justify their violent actions, in the Middle East, by the Muslim faith. It’s an action that really any person or group should pursue. A person’s view isn’t going to change overnight, but over time, they will notice a change to a better standard. 

On the last day, Useni Eugene Perkin discussed the code of silence within the communities. The code of silence is knowing when someone in the community has done something wrong, but no one will report it. Tying back to children, this can be hard for them to learn how trust and be truthful, so being a part of a gang makes it easy to feel protected and to have clear enemy. It can be very confusing and mind boggling to grow up in such scrambled community. He also stated that the civil right generation worked too hard for the violence that is happening today. What I question then is, if violence is a learned behavior and the civil rights was a peaceful movement, what happened in-between? I know there was and still is economic deprivation, social discrimination, and various other factors, but what allowed the system to become the way it is?

I am very grateful for the opportunity of this trip. It allowed me to think of who I am, and how I had strayed away from who I am and who I want to be. Diane’s talk made me really think about what I was doing in life and how I should face my challenges. I truly admired how she acted; she took a stance, and it wasn’t passive. I feel like sometime I am too passive for my own good. Kids have to go home eventually, and if home is in a battered, low income community, they are going to continue in the footsteps before them.  One thought still resides in my mind; would there still be street violence if all the underlying issues were improving, or would there be violence over else, or would that violence be brushed off?

¿Cómo evitar que mi hijo sea un delincuente?: La relación entre la crianza y la delincuencia


Quizás uno de los temores más grandes que pueda tener los padres es el hecho de que su hijo se vuelva un delincuente. Ciertamente ellos hacen todo lo posible para tener hijos respetuosos, productivos y valiosos para la sociedad. Y cada vez es más común adjudicarles la responsabilidad a los padres por los comportamientos antisociales de sus hijos, especialmente cuando más pequeños son. Incluso en algunas ciudades de los padres pueden recibir castigos o multas por los actos antisociales y vandálicos que realizan sus hijos (Dundes, 1994; Bessant y Hill, 1998).

Si bien, de forma popular creemos que el vínculo entre la crianza parental y la delincuencia juvenil es más que evidente, es necesario contar con evidencia científica que demuestre tal relación. Afortunadamente, Hoeve y sus colaboradores (2009) hicieron ésta tarea al analizar más de 200 estudios al respecto y resumir sus hallazgos en un interesante estudio meta-analítico que podemos encontrar forma gratuita en el Journal of Abnormal Child Psychology.

En su artículo, hablan sobre los estilos de crianza parental que propuso Baumrind (1971) y que seguramente ya conocen si han tomado alguna plática sobre crianza con prácticamente cualquier psicólogo. Baumrind nos habla de tres estilos de crianza: el permisivo (aquel padre o madre que deja que sus hijos hagan todo lo que quieran), el autoritario (aquellos padres que tienen exigencia y control cuasi-militar con sus hijos), y el democrático o autoritativo (aquel que concilia entre las exigencias que tiene como padre y las necesidades de sus hijos). Sin embargo, la crianza parental va más allá de esta simple tipología que alguna vez le platicaron y es una de las razones por las que me fascinó el artículo de Hoeve y sus colegas, ya que realiza un análisis más allá de las tipologías.

Hablar de estas tipologías es sencillo, imaginar cómo sería un padre según éstos estilos de crianza es pan comido. Pero si algo tiene la vida, es que odia la sencillez. En mí no muy larga experiencia implementando programas de prevención, he visto cómo consistentemente se les habla a los padres sobre estos estilos de crianza e invariablemente se les pide que traten de identificar cuál de ellos son. Precisamente en este punto es donde se complica la tarea, muchas veces los padres tienen ciertas características de varios estilos de crianza. Incluso a mí misma madre no sabría en cuál categoría ubicarla. Ahora bien, ¿Si son estilos de crianza bien estudiados, por qué se complica su aplicación? La respuesta sencilla, es porque la conducta humana es demasiado compleja. Es como pedirle a alguien que organice todo por colores básicos: Rojo, Amarillo o Azul. Quizás algunos objetos sean sencillos de ubicar, pero si de pronto tenemos algo Naranja, ¿Dónde lo ubicamos?

Una forma de analizar los estilos de crianza es haciendo una analogía, precisamente, con estos colores primarios. Veamos a estos estilos de crianza como los colores que se obtiene luego de combinar los colores básicos. En este sentido Hoeve y sus colegas encontraron dos “colores básicos” (dimensiones): el apoyo y el control. La combinación de las dos dimensiones básicas da como resultado las tipologías que creó Baumrind. Pero antes de explicar cómo se combinan explicaré como se conceptualizan están dimensiones.

El apoyo, que en algunos artículos encontrarán como calidez, sensibilidad, o aceptación, se refiere a las actitudes y comportamientos que tienen los padres al responder ante las necesidades de los hijos de forma cálida y afectiva. Esta dimensión es además unidimensional, es decir, va de cálido a frío, o de aceptación a rechazo. Es un continuo.

El control por otra parte, hace referencia a las exigencias o demandas de los padres hacía los hijos. No es unidimensional. Se puede clasificar según su orientación o por su forma de expresión. Según su orientación, puede ser un control orientado hacia las metas del hijo, siendo un padre que brinda información y estimula la respuesta de los hijos; o bien orientado hacia las metas de los padres, con una disciplina firme y restrictiva, aquella de que “aquí se hace lo que yo digo”. Según su forma de expresión puede ser un control conductual, donde se imponen reglas, se monitorea las actividades del hijo, se tiene una disciplina consistente; o bien un control psicológico, donde se usan el afecto y atención como formas de castigo para el hijo, como aquellos padres que ignoran a sus hijos o les “retiran” el afecto cuando están molestos con ellos. Es en este punto donde encontramos el vínculo entre la crianza y la delincuencia: las malas prácticas en el control conductual se ha relacionado efectivamente con problemas conductuales, y malas prácticas en el control psicológico con problemas emocionales.

Figura 1. Dimensiones de Crianza Parental (Elaboración propia).


Entonces, tal como les mencionaba con anterioridad, la combinación de éstas dimensiones, da como resultado las tipologías propuestas por Bamrind: un control y apoyo alto da como resultado el estilo de crianza democrático (el estilo de crianza que todo padre quisiera y debería procurar). Un control alto pero poco apoyo da como resultado el autoritario. Un apoyo alto pero bajo control resulta en un estilo permisivo. Y finalmente un bajo control y apoyo da como resultado un estilo de crianza negligente (una cuarta tipología que no siempre se enseña o se toma en cuenta). Lo anterior explica bien por qué algunos padres no pueden ser clasificados fácilmente en alguna de las tipologías de Baumrind, ya que algunos padres podrían estar en un nivel medio en algunas de las dimensiones. Pero entonces llegamos a la siguiente pregunta: ¿Cómo manifestar o poner en práctica conductas donde se demuestre ese control o apoyo? El estudio Hoeve y colaboradores resulta útil en este análisis.


Tabla 1. Estilos de crianza resultantes de la combinación de las dimensiones de apoyo y control (Elaboración propia).

Resulta que en éste estudio, Hoeve no sólo identifico los estilos y dimensiones que los componen, sino también aquellas conductas asociadas a esas dimensiones. Éstas conductas son varias, sin embargo, lo valioso es que identificó aquellas que están plenamente relacionadas con a la delincuencia. Del análisis se concluyó que en cuanto a la dimensión de apoyo, las conductas y malas prácticas que están relacionadas con la delincuencia, son la negligencia (no prestar atención al hijo, evitarlo), la hostilidad hacia los hijos (manifestar su ira contra ellos, hacerlos sentir como una molestia, una fuente de irritación o ser sarcástico con ellos), y el rechazo. Con respecto a la dimensión de control, una supervisión pobre (no saber qué hace o quien está), y demasiado control psicológico (usar la culpa como forma de control) y la sobreprotección también se asocia a problemas con la delincuencia. Otras conductas como el tener una disciplina consistente o una comunicación abierta con el hijo no tuvieron relación alguna o bien, su relación fue débil.

Otro hallazgo interesante es la interacción de estas prácticas con el sexo de los padres y de los hijos, ya que son más significativos cuando la relación se da del padre al hijo, o de la madre a la hija. Si tomamos en cuenta que la delincuencia juvenil es más frecuente en hombres, este hallazgo revela la importancia de la participación del padre en la crianza y no solo de la madre.

Estos resultados son sumamente valiosos tanto para la prevención como con la intervención en la delincuencia juvenil. Podemos utilizarlos al diseñar programas de prevención orientados a desarrollar habilidades adecuadas de crianza parental. Técnicamente estos proyectos estarían basados en enseñarle a los padres dos cosas: 1) la importancia de escuchar y responder ante las necesidades de los hijos: ser un apoyo cuando lo necesite, y saber que cuenta con los padres; y 2) monitorear a los hijos: supervisar qué hace, cómo le va en la escuela, con quién se lleva, a dónde va. Esto último, tanto activamente (preguntando y averiguando deliberadamente) como pasivamente (escuchando cuando el hijo platica de lo que hace, de sus amigos, a dónde va o fue, etc.). Y por supuesto, sin olvidar la importancia de involucrar no solo a las madres en el proceso, sino también a los padres.

En resumen, podemos concluir que sí existe una intrincada relación entre la crianza y la delincuencia juvenil, y que está relacionada con la calidez y apoyo que brindan los padres, pero también con el control y monitoreo que tienen de sus hijos. Enseñándole a los padres a reforzar estas dos dimensiones y realizando estás prácticas (de una forma más sistematizada por supuesto), seguramente incidirá en disminuir las probabilidades de que los hijos se vuelvan delincuentes. Y es que no cabe duda de la posibilidad de utilizar esta relación para diseñar pláticas y programas que ayuden a los padres a mejorar ciertas habilidades parentales, que eviten que los hijos realicen actos delictivos. Pero mientras esto sucede, ya sabe qué hacer: sea cálido con su hijo, escúchelo, cuando le pida ayuda bríndesela, si no puede explíquele porque no puede, para que no lo interprete como un “no quiero”; y sobre todo: vigílelo. Conozca a sus amigos, qué le gusta, qué hace después de clases, con quién y dónde está. Seguramente sus hijos le agradecerán haber realizado estas pequeñas prácticas, y mejor aún, seguro intentarán ser como usted cuando tengan que criar a sus propios hijos.

Referencias


ResearchBlogging.org Baumrind, D. (1971). Current patterns of parental authority. Developmental Psychology, 4 (1, Pt.2), 1-103 DOI: 10.1037/h0030372  

Bessant, J., & Hil, R. (1998). Parenting on trial: state wards’ and governments’ accountability in australia Journal of Criminal Justice, 26 (2), 145-157 DOI: 10.1016/S0047-2352(97)00076-7  

Dundes, L. (1994). Punishing parents to deter delinquency: A realistic remedy. American Journal of Police, 13 (4), 113-133  

Hoeve, M., Dubas, J., Eichelsheim, V., van der Laan, P., Smeenk, W., & Gerris, J. (2009). The Relationship Between Parenting and Delinquency: A Meta-analysis. Journal of Abnormal Child Psychology., 37 (6), 749-775 DOI: 10.1007/s10802-009-9310-8

Pandillas y Bandas Juveniles


El Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia  (UNICEF, 2002) señala que en el mundo hay 1.200 millones de jóvenes de entre 10 y 19 años de edad, la mayor generación de adolescentes de la historia. Muchos de ellos llevan las riendas de un hogar, cuidan de hermanos pequeños y de progenitores enfermos, educan a sus compañeros sobre los desafíos de la vida y la mejor manera de protegerse frente a las enfermedades, entre ellas el SIDA, y sobre las conductas peligrosas.

Sin embargo, existen jóvenes que encuentra en los actos antisociales y delictivos, la forma de expresarse y resolver fácilmente situaciones familiares desventajosas. En este sentido se detecta que  la falta de políticas públicas, la creciente descomposición social, la pobreza, la falta de oportunidades y la pérdida de la comunicación familiar, ponen en riesgo a los jóvenes, pues aunado a la etapa de desarrollo que atraviesan, en la que la búsqueda de la autoridad y el desafío a la autoridad los hace propensos a cometer delitos a temprana edad (Barraza Pérez, 2008).

Algunos adolescentes pueden realizar conductas antisociales que consisten en actos que violan la ley y que implican infracciones que pueden ir desde crímenes, asaltos, robos, hasta fechorías graves como vagancia, intoxicación y conductas que son ilegales en función del adolescente, como comprar alcohol y fugaz del hogar (Alcántara Nogal, 2001). Por lo que el mayor peligro es que la delincuencia juvenil, se convierta en un modo de vida para los jóvenes que no encuentran otras alternativas  en el medio donde se desenvuelven.

Rodríguez-Manzanera (2004), propone que en la delincuencia juvenil pueden encontrarse toda una gama de la criminalidad, desde el pequeño robo hasta el homicidio agravado, pues en dicha etapa del desarrollo sobre todo en la adolescencia, ya se tiene la fuerza para cometer delitos contra las personas (lesiones, homicidios) y la capacidad para los delitos sexuales (violación y estupro). Sin embargo  recalca, que el adolescente es  influenciable y que su deseo de libertar y prepotencia, lo pueden llevar a cometer actividades  antisociales. La criminalidad en menores en general se comete en grupo, la diferencia de estar en un grupo o actuar solo, tiene que ver con la motivación del delito y la naturaleza del mismo.

Una de las temáticas importantes en cuanto a los actos antisociales entre jóvenes, tiene que ver con las bandas juveniles y las pandillas. Para entender este tema, resulta importante aclarar la diferencia y relación entre estos temas.

Según Perea Restrepo (2007) las diferencias entre pandillas y bandas son las siguientes:


Banda Juvenil


Representa un modelo de sociabilidad que organiza el espacio y el tiempo de la vida cotidiana, es percibida por sus miembros, como una segunda familia o escuela de vida. Con respecto a las personas que conviven con los chicos banda, esta es tomada en cuenta por las organizaciones populares, las corporaciones del gobierno, los medios de comunicación y por el mercado (Feixa Pàmpols, 2012; Ibañez Peinado, 2012).

Se ubican principalmente en la periferia de las grandes ciudades y mantiene vínculos profundos con el territorio, cuya defensa es el motivo de conflictos endémicos con otras bandas (Feixa Pàmpols, 2012). Los lugares de preferente formación y actuación, son los barrios menos favorecidos, en los que falta el trabajo, el absentismo escolar, la escasa vigilancia tanto de los padres como de las diferentes instituciones sociales, municipales, provinciales, comunitarias o estáteles; dichas condiciones, hacen que se encuentren los pares de iguales y su ociosidad sin límites les predispone, inclina o incitan a la violencia y a la delincuencia (Ibañez Peinado, 2012).

Pandillas


Es un fenómeno social nacional e internacional, pero más que eso, producto del hacinamiento humano que se presenta generalmente en las grandes ciudades, generando condiciones para su surgimiento, proliferación y sostenimiento (Barraza Pérez, 2008).

Anteriormente, se mencionó que una de las diferencias entre una pandilla y una banda juvenil, tiene relación con la norma jurídica. En México, el Código Penal Federal (2014), en el Titulo Cuarto, Capítulo IV Artículo 164Bis indica: Se entiende por pandilla, para los efectos de esta disposición, la reunión habitual, ocasional o transitoria, de tres o más personas que sin estar organizadas con fines delictuosos, cometen en común algún delito” y en el 164 señala: “Al que forme parte de una asociación o banda de tres o más personas con propósito de delinquir, se le impondrá prisión de cinco a diez años y de cien a trescientos días multa (H. Congreso de la Unión, 2014).

Al igual que las bandas juveniles, las pandillas se presentan en contextos socioeconómicos bajos, en los que la pobreza extrema es un factor decisivo que propicia que los jóvenes delincan y se unan a este tipo de agrupaciones. Por lo general en las familias de los jóvenes pandilleros se presentan drogadicción, alcoholismo y delincuencia. Se encuentran marcados por violencia, falta de comunicación, escasa vigilancia y disciplina (Mejía Navarrete, 2001).


La pobreza es una situación social que se convierte en un detonante importante en las familias y en la vida de los niños y jóvenes que la padecen, pues los niños que son maltratados y explotados por sus familias, cuyas edades van de los 7 a los 12 años, no tiene posibilidades de realizar algún oficio y toman la calle como su alternativa, en la que se encuentran con otros similares a ellos que los inducen al consumo, tráfico de drogas, planear robos, asaltos y dar inicio a prematuras prácticas sexuales Por lo tanto, una característica predominante del menor infractor mexicano es sin duda la segregación originada por la pobreza.

Otro factor importante a considerar es el relacionado al gobierno y las instituciones, pues el tratamiento inadecuado del problema de la delincuencia juvenil y el pandillerismo, la falta de políticas para la juventud (Barraza Pérez, 2008) y la falta de oportunidades educativas y laborales, provocan que el adolescente que se encuentra en barrios y colonias que presentan necesidades, busque en las pandillas ya conformadas, apoyo y protección, que les permitan sobrevivir en un entorno social marcado por la carencia.

En las pandillas se observan las características de los grupos primarios: lealtad, sacrificio por los otros miembros del grupo, pero sobre todo respeto por las reglas establecidas, se castiga a quien las quebranta, incluso con la muerte. El miembro de la pandilla está casi completamente controlado por la fuerza de la opinión del grupo (Trasher, 1960, en Mateo, C. y González, C, 1998).

Por lo tanto, la adscripción a las pandillas no está directamente relacionada con la pretensión de obtener un beneficio económico, más bien los jóvenes declaran satisfacer en la pandilla necesidades personales que dejaron descubiertas sus familias, como el reconocimiento y la autonomía. La lucha entre las pandillas por controlar y dominar los territorios, cuya dinámica de control y de reunión no suele ser oculta; al contrario, las pandillas suelen apropiarse de espacios abiertos y visibles a todos los que conviven en él. Esta visibilidad forma parte del control que desean demostrar y que en muchos casos ciertamente tienen sobre el territorio y sus habitantes (Rodríguez Bolaños y Sanabria León, 2007).

En algunos jóvenes, la pertenencia a la pandilla y la delincuencia es algo transitorio, utilizado para llamar la atención a falta de autodominio, mientras que para otros se convierte en norma de vida. Cuanto más joven sea el delincuente, más probabilidades, habrá de que reincida, y los reincidentes, a su vez, son quienes tienen más probabilidades de convertirse en delincuentes adultos. (Jiménez Ornelas, 2005; Ibañez Peinado, 2012).

El tema del pandillerismo y las bandas juveniles, resulta interesante en muchos niveles, pues permite conocer y explorar la realidad social en la que viven ciertos sectores de la población, identificando los factores presentes en ella, que pueden ocasionar la génesis de problemas sociales y de seguridad pública. La delincuencia juvenil, las bandas y el pandillerismo, no son fenómenos nuevos, sin embargo, la complejidad de su estudio va más allá de la identificación de los factores involucrados en su dinámica y las características particulares de los jóvenes involucrados en ellos.



Al identificar los compontes y el perfil del delincuente juvenil, podemos comprender  mejor la necesidad de agrupación que presenta, ya sea por la etapa de desarrollo o por otros factores de riesgo presentes en su contexto. Lo cual resulta importante al momento de describir a la banda juvenil (delictiva o no delictiva) y/o pandilla a la que puede llegar a unirse. Otro aspecto importante es la diferenciación entre la banda y la pandilla, que si bien tienen muchos aspectos en común (como el territorio, la estructura y las zonas donde se desenvuelven), están diferenciados por características muy claras como son la tipificación legal y las actividades delictivas, así como el grado y frecuencia de las mismas.

Resulta importante destacar que el hecho de que un joven forma parte de la una banda o pandilla, no es necesariamente el predictor de su conducta delictiva adulta, pues algunos autores señalan que muchos de los jóvenes que forman parte de las bandas o pandillas, se alejan de ellas a medida que van creciendo y pueden ser capaces de adaptarse a las normas sociales, que como adolescente rechazaba. Uno de los peligros más importantes asociados a la edad de los miembros de la padilla, es la prevalencia de hombres o mujeres adultos que comienza a dirigir a jóvenes con estructuras familiares y sociales pobres, convirtiéndolos en una población vulnerable a ser manipulada.

Los programas de intervención diseñados por el gobierno o particulares, deberá considerar el origen multifactorial de este fenómeno social, como es la condición economía, las oportunidades de escuela y trabajo, las condiciones de rezago, la violencia interfamiliar, los aspectos psicológicos del adolescente y los individuales, las adicciones y las falta de espacios institucionales y físicos, que fomenten actitudes, creencias y valores en la población vulnerable, que se encuentra en peligro de unirse a una pandilla por su propia voluntad o en contra de la misma.

Referencias


ResearchBlogging.org Jiménez Ornelas, R. (2005). La delincuencia juvenil: fenómeno de la sociedad actual Papeles de Población, 11 (43), 215-261

Mateo, C., & González, C (1998). Bandas juveniles: violencia y moda Revista Venezolana de Análisis de Coyuntura, 4 (1), 229-247

Mejía Navarrete, J. (2001). Factores sociales que explican el pandillerismo juvenil Sociología, 9, 129-148

Alcántara Nogal, E. (2001). Menores con Conducta Antisocial. México: Porrúa. 2014código penal federal .http://info4.juridicas.unam.mx/ijure/tcfed/8.htm?s

Barraza Pérez, R. (2008). Delincuencia juvenil y pandillerismo. México: Porrúa.

Feixa Pàmpols, C. (2012). De jóvenes, bandas y tribus. (5a ed.). España: Planeta

Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia. (2002). Adolescencia una etapa fundamental. UNICEF. Recuperado de: http://www.unicef.org/spanish/publications/files/pub_adolescence_sp.pdf

Ibañez Peinado, J. (2012). Psicología e investigación criminal. La delincuencia especial. España: Dykinson, S.L.

México. Código Penal Federal. H. Congreso de la Unión, Cámara de Diputados. 14 de Julio de 2014. Recuperado de: http://www.diputados.gob.mx/LeyesBiblio/pdf/9_140714.pdf

Perea Restrepo, C. (2007). Con el diablo dentro. Pandillas, tiempo paralelo y poder. México: Siglo XXI

Rodríguez Manzanera, L. (2004). Criminalidad de Menores. México: Porrúa.

Rodríguez Bolaños, J y Sanabria Leon, J. (2007). Maras y Pandillas, Comunidad y Policía en Centroamérica. Costa Rica: Demoscopia.

Rodríguez Manzanera, L. (2004). Penología. México: Porrúa.

sábado, 21 de febrero de 2015
Por Unknown

De la Casa a la Guerra



El texto que comentaré en ésta ocasión, es una excelente oportunidad para adentrarse al tema de la violencia juvenil y como poder hacer investigación al respecto.  Se trata de un reporte realizado en Colombia que aborda los factores asociados a la violencia juvenil en este país, enfocándose en los jóvenes infractores de la ley penal y a aquellos que formaron parte de grupos armados irregulares. Enfatiza la importancia de contar con evidencia científica sobre este tipo de violencia tomando como eje el modelo ecológico de desarrollo. No solo aporta información a nivel teórico, si no que brinda una propuesta de cómo realizar investigación en este campo pues a través de la evidencia encontrada, proponen factores a considerar en las estrategias de prevención.

El reporte realizado por Llorente, Chaux y Salas (2005) retoma algunos trabajos internacionales y nacionales (Colombia), que han considerado los factores asociados a comportamientos violentos o delincuenciales en los jóvenes. Los autores retoman los factores más estudiados y ponen de manifiesto la importancia de realizar un estudio para determinar qué factores se presentan específicamente en Colombia; de igual manera, identifican dos grupos de jóvenes asociados a comportamientos violentos: por un lado a los que han infringido la ley y por otro aquellos jóvenes integrados a grupos militares, paramilitares y guerrillas. Posteriormente describen la metodología empleada, los principales resultados encontrados para ambos grupos y por último muestran algunas propuestas de acción y las limitaciones que tuvo el estudio.

Los puntos centrales del artículo, son los siguientes:


a)   Hasta el momento existen trabajos internacionales y nacionales que trabajan con el modelo ecológico para determinar qué factores se asocian con las conductas violentas y delictivas de los jóvenes, sin embargo, el estudio plantea dos cosas: primero, considerar a dos tipos de grupos relacionados con la violencia juvenil (debido al contexto social y político de Colombia): infractores de la ley y desvinculados de grupos armados. Segundo, además de considerar que factores se relacionan con este tipo de manifestaciones de la violencia juvenil, buscan conocer que tanto se relacionan los factores encontrados y cuáles pueden ser utilizados en la predictibilidad del fenómeno, lo cual es útil en términos de prevención.
b)   Los factores que predicen mejor la probabilidad de que un joven sea infractor de la ley penal con un delito violento son: presencia de padrastro en la infancia, maltrato físico severo por parte del padre o padrastro, separación permanente del menor con su madre y amigos de infancia involucrados en pandillas.
c)   Los factores asociados a la probabilidad de que un joven se una a grupos armados irregulares son: tener un familiar cercano que pertenecía a un grupo armado, la separación permanente del menor con su madre, tener amigos de la infancia “raspachines” (personas que trabajan en el campo que se dedican a quitar las hojas de cocaína de las ramas), maltrato físico severo por parte del padre o padrastro, el consumo de alcohol, vivir su infancia en un lugar mayoritariamente rural y abandonar el hogar materno antes de los 12 años.
d)   El estudio dio pie a la creación de un modelo para explicar cómo ocurre la participación de los jóvenes en la delincuencia y/o en los grupos armados. A partir de ello se explica cómo este proceso se desarrolla en dos fases para ambos grupos,  considerando importante si el joven se desarrolla en un ámbito rural o urbano.


Lugares urbanos
Lugares rurales
Primera fase:
Entorno familiar violento, tanto entre padres como hacia el menor, maltrato infantil severo por parte del padre o padrastro (predisponen a la segunda).
Igual a  la de lugares urbanos
Factores que pudieran limitar o potenciar el acceso de la primera a la segunda fase: los estilos de crianza positivos y la supervisión del joven por parte de los padres.
Segunda fase:
Contacto con un entorno de barrio violento, unión a pares violentos y asociación a pandillas. Estos factores a su vez, catapultan el uso de drogas, manejo de armas y sexualidad riesgosa. Y el conjunto de estos últimos predisponen a comportamientos violentos o criminales.
Salir del hogar materno en edades tempranas, contacto con pares que tienen comportamientos riesgosos, una vez que ingresan al grupo armado se potencializa el ejercicio de la violencia, el uso de drogas y sexualidad riesgosa.
             

Conclusión


Este tipo de investigaciones son aproximaciones para intentar de acotar aspectos de la realidad social. En este caso la violencia juvenil como un problema apremiante en Colombia, fue estudiada a partir de factores encontrados en las historias de vida de jóvenes infractores y jóvenes desvinculados de los grupos armados. Fue acertado considerar un grupo control para el comparativo de las diferencias entre los grupos estudiados, en cuanto a los factores asociados a los comportamientos violentos, pues casi nunca se considera dentro de investigaciones no experimentales.

La propuesta en términos de prevención, considera trabajar con factores de riesgo para ambos grupos. Los autores mencionan que aunque la violencia familiar y el maltrato infantil sean un predisponente significativo, las estrategias no deben trabajarse solas o únicamente abordando estos factores, sino que deberían acompañarse de la prevención de otros factores; con base en lo anterior puede considerarse los siguientes aspectos:

  1. La prevención de ingreso a pandillas y de abandonar el hogar materno
  2. Focalizar las intervenciones en zonas especificas
  3. Promover relaciones positivas entre padres e hijos, aumentando el apego positivo
  4. Bloquear la atracción de pertenencia que generan los grupos armados
  5. Trabajar en la reducción de riesgo sobre los rasgos de personalidad encontrados en el estudio


Entre las limitaciones encontradas está que el estudio se basó en el reporte de los jóvenes, lo cual lleva a considerar la buena o mala memoria y la deseabilidad social (la imagen que quisieron proyectar a los investigadores con sus respuestas). Por otro lado, la limitación con respecto al sexo de los participantes (hombres), por lo tanto, es probable que existan diferencias entre los factores de riesgo y cómo interactúan estos en las mujeres. Otra limitación surge de los grupos control, los cuales pertenecían al mismo contexto social que los infractores o desvinculados, lo que limitó el análisis de los factores del contexto comunitario más a fondo y como se relacionan con otros factores.

Referencia:


Llorente, M., Chaux, E. y Salas, L.  (2005). De la Casa a la Guerra: Nueva evidencia sobre la Violencia Juvenil en Colombia. (Informe Final). Centro de Estudios sobre Desarrollo Económico, Facultad de Economía: Universidad de los Andes.
sábado, 24 de enero de 2015
Por Unknown

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