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Violencia Sexual Contra La Mujer ¿Moda O Realidad?


VIOLENCIA SEXUAL CONTRA LA MUJER ¿MODA O REALIDAD?

M.P.A.C. María del Mar Carballo Lara

A lo largo de la historia, la mujer ha estado en una lucha constante, para ser escuchada y participar en la toma de decisiones a nivel social, que sean tomados en cuenta sus derechos como ciudadanas y como seres humanos.

Así escuchamos en la actualidad el tema Empoderamiento femenino, donde diferentes sectores de la población muestran su postura al respecto, unos con más o menos información al respecto, pero existen posturas a favor y los detractores que no consideran un tema relevante.

Iniciemos por entender el concepto empoderamiento, según la Real Academia Española empoderamiento se refiere a la acción y efecto de empoderar, es decir a “Hacer poderoso o fuerte a un individuo o grupo social desfavorecido” (Real Academia Española, 2001).

Partiendo de esta definición, podríamos pensar que es algo sencillo de lograr, sin embargo para entender el proceso del “Empoderamiento femenino”, debemos tomar en cuenta el contexto histórico y social, pues  a las mujeres se les ha hecho pensar que ellas son menos fuertes, inteligentes, capaces o poderosas que los hombres, cuando no es así. La mentalidad y cultura machistas que por años han desfavorecido a las mujeres, han traído como consecuencia el lento desarrollo de las mujeres en los distintos ámbitos de la sociedad (Gobierno de México S/F). Por lo que al hablar de empoderamiento femenino, tenemos que hablar de una larga historia en México y el mundo, para que las mujeres tengan el espacio que merecen en la sociedad.

Sin embargo, también se debe de delimitir ¿qué aspectos si se considera que promueven este empoderamiento? y otros son simplemente un intento de, de acuerdo a lo que propone la  Organización de las Naciones Unidad, desde el área de ONU Mujeres(s/F) , donde se promueve la igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres, delimita que para este último se deben promover los siguientes elementos: 1) la igualdad de género en todos los niveles, 2) tratar a hombre y mujeres de forma equitativa, 3) velar por la salud, seguridad y bienestar de todas y todos los trabajadores, 4) promover la educación, formación y desarrollo profesional de las mujeres.

Con estos ejes prioritarios de acción desde instancias como ONU Mujeres, se han propuesto líneas a seguir para la promoción del empoderamiento femenino, con programas a nivel mundial que promueven estas acciones en el sector empresarial, salud, etc.

Ubicándonos en el caso de Latino América y México sobre el empoderamiento femenino, observamos como en los últimos años ha ganado fuerza y se han realizado acciones a nivel social y desde el sector gubernamental como las reformas en el 2017 a la Ley General De Acceso De Las Mujeres A Una Vida Libre de Violencia (Diario Oficial De la Federación, 2017)

En las prácticas en la sociedad, aún podemos ser testigo en México de actitudes, pensamientos y creencias machistas que predominan en la sociedad mexicana, dificultando esta lucha por el empoderamiento femenino.

Recordemos el último caso viral en las redes sociales y medios de comunicación, donde la actriz Karla Souza denuncia una violación por parte de un productor México y otras famosas como Sofía Niño De Rivera, revelan casos similares, donde se expone la violencia y abuso sexual en los medios de comunicación en México. Así bajo el #Hashtag #MeeToo las redes sociales y medios de comunicación  dieron a conocer dichos casos, abriendo el tema de discusión sobre todo en las redes sociales sobre el tema

Como resultado, el reflejo del inicio de esta campaña en México, reiteró la predominancia de la cultura machista en México. Estas mujeres, al igual que otras en el mundo, no solo comparten sus casos y lo denuncian, si no que se exponen a los prejuicios sociales sobre el tema y así la opinión  juzga a las víctimas con preguntas como: ¿por qué no denuncio antes? ¿Qué hizo ella para merecer esto?, “seguro así son todas”. En lugar de preguntarse ¿por qué el agresor pudo hacerlo? ¿Qué se puede hacer para qué no pase de nuevo?

Cabe recalcar que aunque en México, aún se intenta posicionar esta campaña, existen otros movimientos en redes sociales, donde se invita a las mujeres a denunciar el abuso sexual, como el movimiento #MeToo en los Estados Unidos de América y sus reflejos en otros países, como protesta contra el acoso sexual y la violencia, mismo que surge como parte del movimiento #Time´s Up, en México el movimiento  #YoTambién al igual que , España y América Latina, entre otros lugares, #QuellaVoltaChe en Italia, #BalanceTonPorc en Francia y #Ana_kaman en los Estados Árabes. La mayoría de ellos iniciados y dirigidos por mujeres activistas.

Con la presencia de estos temas por las redes sociales y medios de comunicación, surgen opiniones encontradas, pues algunos siguen pensando que en México no pasa nada y que toso por que “está de moda” y como todas las modas, es algo pasajero. Reflejando parte de la “normalización” de la cultura mexicana sobre estas conductas.

Sin embargo las estadísticas más recientes parecen demostrar que  la violencia a la mujer y en especial la violencia sexual, es un problema real y que va en incremento. De acuerdo con cifras del INEGI (2017), 66 de cada 100 mujeres han sido víctimas de violencia emocional, física, sexual, económica, patrimonial, y de discriminación laboral, misma que ha sido ejercida por la pareja, el esposo, el novio, algún familiar, compañero de escuela o del trabajo, alguna autoridad escolar o laboral o bien por personas conocidas o extrañas. De igual forma observamos que de acuerdo a  la  Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (ENDIREH,2016) señaló que la violencia contra las mujeres es más frecuente en la vida en pareja  (43.9% fueron agredidas por ella en algún momento de su vida marital, de convivencia o noviazgo); sin embargo, a ella le sigue la violencia en los espacios públicos o de uso común (38.7%), en donde las mujeres denunciaron que la violencia sexual (intimidación, acoso, abuso o violación sexual) destacó de entre los actos de violencia más frecuentes.

Como se observa con estas cifras se observa como la violencia contra la mujer sigue siendo un problema en México, pues lejos de disminuir se ha incrementado, observando un incremento en la violencia de índole sexual, siendo los puntos más preocupantes la violencia sexual a las mujeres por parte de sus propia parejas, así como la ejercida en espacios públicos. En el primero se observa que es un delito de índole privado donde solo están la mujer y su pareja supuestamente confiable, en el otro caso lo preocupante es que al realizarse en espacios públicos, podría ser que otras personas de la sociedad sean testigos, pero tampoco hacen algo al respecto.

Así en el  2016, la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas publicó el estudio “Las otras Víctimas” invisibles en el que dio a conocer que de 2010 a 2015 se registraron casi tres millones de casos de violencia sexual, el estudio agrega que 90% de las víctimas son mujeres, 60% de las violaciones ocurren en el hogar y 60% de las violentadas conocían a su agresor). El mismo reporte señala que de las 83 mil averiguaciones previas iniciadas para investigar el delito, solo diez de cada mil agresores son consignados ante el MP para iniciar un proceso penal.  Con estas cifras, también se observa que existe un problema real con respecto a las consecuencias legales, ya que son pocas mujeres las que deciden denunciar y de las pocas que denuncian, son pocos casos donde procede la investigación.

Entonces, surge otra pregunta, ¿por qué las mujeres no denuncian lo delitos sexuales? o ¿por qué siguen con sus victimarios, si a los conocen? Para entender esta situación, tenemos que conocer las características de las mujeres víctimas de violencia.

Desde un punto de vista histórico, la dificultad para la comprensión y el reconocimiento de la violencia hacia las mujeres ha sido estructurada a partir de dos procesos básicos: 1) invisibilización, donde se hace referencia a la percepción que se tiene sobre las consecuencias de la violencia, donde durante  la mayor parte de la historia solamente se consideraron los daños materiales producidos por la violencia y no los daños psicológico y emocionales. El segundo es la naturalización de la violencia,  se apoya básicamente en algunas construcciones culturales, mismas que promueven las jerarquías y discriminación de lo “diferente”, lo que pude traer como consecuencia que sea más probable que se promueva en las instituciones como la familia, ciertos modelos de conducta que promueven la violencia contra la mujer como algo “normal”  (Corsi, 2012).

Además del factor social, tenemos el factor de las características de las víctimas, de acuerdo a las investigaciones sobre las características que comparten las mujeres víctimas de violencia o de violencia sexual, se encuentra que(Organización Mundial de la Salud, 2017  : Las mujeres que tienen un nivel de instrucción bajo, han estado expuestas a actos de violencia de pareja contra sus madres, han sido objeto de malos tratos durante la infancia, han vivido en entornos en los que se aceptaba la violencia, los privilegios masculinos y la condición de subordinación de la mujer corren un mayor riesgo de ser víctimas.

Esto entonces ayuda a entender que la responsabilidad no recae sobre las víctimas o sobre los que cometen el delito, también la sociedad que promueve las estructuras de poder machistas, contribuyen a este problema “normalizando” ciertas formas de violencia contra la mujer y fortaleciendo los estereotipos que hacen que las mujeres no denuncien.

Esto trae consecuencias a nivel social y económico, parte de las consecuencias en las mujeres víctimas de violencia, es que pueden llegar a encontrarse aisladas e incapacitadas para trabajar, perder su sueldo, dejar de participar en actividades cotidianas, falta de cuidados en sus hijos (OMS, 2017)

Con la evidencia presentada se observa que la violencia a la mujer es una realidad en la actualidad y no solo en la sociedad mexicana, también a nivel mundial, a raíz de esto se han generado movimientos desde la sociedad civil y organizaciones para apoyar a las mujeres en este proceso y “empoderarlas” para hacer algo en contra de los hombres agresores.

En el marco de esta realidad, hoy 8 de marzo se conmemora el Día Internacional de la mujer la ONU, toma la decisión que el tema de este año, sea:  “Ahora es el momento: las activistas rurales y urbanas transforman la vida de las mujeres”. Sumándose así a un movimiento mundial por los derechos, la igualdad y la justicia de las mujeres.  Como evidencia de este movimiento, se observa como el acoso sexual, la violencia y la discriminación contra las mujeres han acaparado los titulares y el discurso público, con una creciente determinación a favor del cambio

Este cambio incluye una agenda de trabajo, donde se busca promover acciones  que contribuyan a la denuncia de la violencia contra la mujer, incluyendo la sexual, por lo que se busca promover cambios  para tomar acciones legales reales contra los responsables de estos actos y sobre todo, promover  grupos de apoyo para las mujeres víctimas de violencia sexual, para que sepan que no están solas y sobe todo evidenciar que no son las únicas que pasan por esta situación.

Así en el marco de la conmemoración del Día Internacional de la mujer, queda en manos de la sociedad hacer uso de los medios de comunicación, redes y grupos sociales, para informar sobre la situación real de la violencia sexual sobre las mujeres e México y seguir uniendo esfuerzos para implementar acciones para prevenir este tipo de violencia.

REFERENCIAS


Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas (2016) La otras víctimas. Recuperado de: https://www.gob.mx/ceav/archivo/articulos

Corsi, J, 2012, La violencia hacia las mujeres como problema social. Fundación mujeres

 http://perso.unifr.ch/derechopenal/assets/files/obrasportales/op_20120308_01.pdf

Diario Oficial De la FederacióN ( 2017). Ley General de Acceso de las mujeres a una vida libre de violencia. Recuperado de : http://www.diputados.gob.mx/LeyesBiblio/pdf/LGAMVLV_220617.pdf

Encuesta Nacional, sobre  la Dinámica de las relaciones en los hogares. Recuperado de: http://www.inegi.org.mx/saladeprensa/boletines/2017/endireh/endireh2017_08.pdf

Gobierno de México (S/F). ¿Qué es el empoderamiento de las mujeres y por qué es importante?. Recuperado de: https://www.gob.mx/mujeressinviolencia/articulos/que-es-el-empoderamiento-de-las-mujeres-y-por-que-es-importante

Real Academia Española. (2001). Diccionario de la lengua española (22.a ed.). Madrid, España: Auto

INEGI (2017) Violencia contra la mujer, recuperado de: http://www.inegi.org.mx/saladeprensa/aproposito/2017/violencia2017_Nal.pdf

ONU Mujeres (s/f). Empoderamiento femenino. Recuperado de: http://www.unwomen.org/es/about-us/about-un-women.

Organización Mundial de la Salud (2017). Violencia contra la mujeres, recuperado de: http://www.who.int/mediacentre/factsheets/fs239/es/

¿Porqué ocurre la Violencia Sexual?


La sexualidad humana ha sido objeto de estudio a lo largo de diferentes períodos históricos y a través de diversos enfoques como el biológico, social, cultural, psicológico, legal etc. Estas perspectivas coinciden en que la conducta sexual es tan variada como la cultura, los rasgos de personalidad y otros factores que definen la conducta del ser humano.

Tal como ocurre al  hablar de las conductas humanas,  para entenderlas deben tomarse en cuenta una serie de factores. No se llega a un acuerdo  con respecto a lo que es la “normalidad” y la “anormalidad”,  sin embargo, al hablar de conductas sexuales se llega a la conclusión que existen conductas  patológicas, mismas que se caracterizan por afectar el desarrollo social del individuo.

Existen otro tipo de conductas sexuales que pueden considerarse antisociales, estas  en ocasiones pueden convertirse en conductas delictivas penadas por la ley (Soria,  Hernandez, 1994). Cabe aclarar que no todas las conductas sexuales patológicas incluyen conductas antisociales, así como no todas las conductas antisociales son tipificadas como un delito.

Dentro de la diversidad de conductas sexuales consideradas como antisociales, se encuentra la violencia sexual.  En la definición de este término  se encuentran inmersos valores culturales, normas sociales, derechos humanos, roles de género, iniciativas legales y de delito, los cuales evolucionan con el tiempo. De acuerdo a las conclusiones del Informe Mundial sobre la violencia y la salud, en el informe sobre las perspectivas globales de la violencia sexual (Centro Nacional de Recursos sobre la violencia sexual, 2005), la violencia sexual se define como:

“Todo acto sexual, la tentativa de consumar un acto sexual, los comentarios o insinuaciones sexuales no deseados, o las acciones para comercializar o utilizar de cualquier otro modo la sexualidad de una persona mediante coacción por otra persona, independientemente de la relación de esta con la víctima en cualquier ámbito, incluidos el hogar y el lugar de trabajo (Jewkes, Sen y Garcia-Moreno, p. 161, 2002)”.

A nivel mundial, nacional, internacional y local la violencia sexual ha sido un tema prioritarios, generando así investigaciones y programas que ayudan a entender esta conducta, a prevenirla y a tratar de sobre llevar las consecuencias de las víctimas y victimarios.

La violencia sexual se considera de alto impacto, debido a las consecuencias en la víctima directa, los familiares y al mismo tiempo las consecuencias en el victimario, pues es una conducta que además de que puede ser penada por la ley, la sociedad también la juzga y etiqueta a ambos, a la víctima y el victimario.

Otro factor por el que resulta un tema prioritario es que la mayoría de las veces resulta difícil resarcir el daño ya que además de las consecuencias físicas, existen consecuencias psicológicas que son complicadas de sobrellevar.

En este sentido una de las metas principales con respecto a la violencia sexual es, conocer la motivación del victimario e incluso poder identificar características comunes en estos para poder prevenir estas conductas.
Para entender las motivaciones individuales la psicología se ha dado a la tarea de generar teorías explicativas desde diferentes enfoques, mismas que se abordarán a continuación.

Desde el enfoque tradicional de  la psicopatología, la violencia sexual se entiende como una desviación sexual. Desde este enfoque clásico clínico del agresor sexual, el objeto de estudio se centra en conocer al agresor y la necesidad de encontrar características intrapsiquicas individuales como determinantes de esta agresión (Soria,  Hernandez, 1994).

En cuanto a las teorías del comportamiento humano, estas proponen que en la violencia sexual existe un reforzamiento, sin embargo, su aportación más importante ha sido en cuanto al estudio científico de este comportamiento (Soria,  Hernandez, 1994). Al respecto los estudios actuales de índole transcultural, han demostrado la diversidad de conductas sexuales aunadas a la variedad de perspectivas y posturas respecto a estas desde el contexto de la diversidad cultural, como los rituales de paso, etc. (Soria,  Hernandez, 1994). Recalcando con esto la importancia de la contextualización cultural para entender la conducta sexual humana.

Desde las teorías psicologicas, se establece la diferencia entre los comportamiento “normales” y “anormales” o patológicos y explicando, las disfunciones sexuales para establecer su tratamiento (Ibáñez Peinado, 2012) . Esta perspectiva  se centran en el concepto propueso por Freud de libido (deseo, ganas). Freud toma este concepto de Albert Moll (fundador de la sexología moderna), reconociendo la dificultad de definir este concepto, asignandole una carácter cualitatitvo y cuantitativo definiendola como: “La energía considerada como una magnitud cuantitativa de las pulsiones que tienen relación con todo con lo que puede relacionarse con la palabra amor (Ibáñez Peinado, 2012)”.

En este sentido, desde la teoría psicoanálita la sexualidad hace referencia a  una serie de excitaciones y de actividades existentes desde la infancia, que producen un placer que no puede reducirse a la satisfacción de una necesidad fisiológica fundamental, si no que se encuentra relacionada también con el denominado amor sexual. (Ibáñez Peinado, 2012). Para entender las teorías explicativas  de la violencia sexual es necesario entender la sexualidad humana, tomando en cuenta factores del contexto histórico, social, individual y conductual. Las  teorías actuales coinciden en una explicación multicausal,  donde tienen que tomarse en cuenta varios factores para entender las conductas sexuales (Soria,  Hernandez, 1994).

El estudio de los factores que deben tomarse en cuenta para entender la sexualidad humana, resulta relevante pues solo a través de  estudios en diversas culturas y contextos, podrían identificarse los factores comunes en la conducta sexual y sobre todo en la violencia sexual, favoreciendo el conocimiento de la dinámica para implementar medidas efectivas para la prevención y atención de esta conducta.

La violencia sexual puede caer dentro de la clasificación  de un delito sexual; este legalmente se define de la siguiente forma, Tomando en cuenta el Código Penal del Estado de Yucatán, se entiende como delito, toda conducta humana activa u omisiva, antijurídica, típica, imputable, culpable, punible y sancionada por las leyes penales (Diario Oficial del Gobierno del Estado de Yucatán, 2011). Esta definición delimita la gama de conductas y la forma de diferenciar una variación en la conducta sexual y lo que se tipifica como delito de índole sexual. En Yucatán  y en general en México y el mundo, la delincuencia sexual resulta de gran impacto por su baja denuncia, de igual forma,  se consideran de mayor gravedad, debido a que incluye las consecuencias físicas y psicológicas que trae este delito a las víctimas, afectando no sólo el honor, sino también la integridad y la dignidad como persona; por lo que, si bien se afecta la libertad de la elección sexual, las víctimas viven esos sucesos como atentados a su privacidad, a su intimidad, a su físico y a su identidad en forma integral, de igual forma afecta a los que los rodean (Familia y amigos) (Burgos, 2009).

Retomando los puntos abordados previamente, los delitos de índole sexual,  no se deben exclusivamente a un factor,  consisten en una serie de factores causales que llevan al sujeto a cometer esta conducta penada por la ley. Por otro lado la mayoría de los delitos de índole sexual son cometidos con violencia, este componente  agrava la conducta y por ende la pena así como la disminución del pronóstico de éxito para la readaptación y prevención de la reincidencia (Pueyo y Redondo, 2007).

Debido a lo anterior, se recomienda que  los delitos de índole sexual deben abordarse desde un enfoque integrador, incluyendo el trasfondo social y la psicología de quienes delinquen, resulta importante considerar las variables individuales, pues aunque el individuo es un producto de la influencia ambiental, no deja por eso de ser alguien diferente del resto, con motivaciones propias y peculiares (Jiménez, 2009). La teorías explicativas de la violencia sexual, pueden servir de guía para estudiar los factores individuales, así como  los factores de la personalidad que motivan la agresión y comisión de delitos sexuales.

Por lo tanto desde el punto de vista individual, si se toma en cuenta que la conducta sexual delictiva es una conducta concreta del individuo, expresión de su relación con la víctima en un lugar (espacio) y en una fecha (tiempo) determinados, la dificultad del delincuente gira en torno a aceptar la ley, lo que implica dificultades en el desarrollo de su personalidad y desde la perspectiva social significa una alteración, violación o transgresión de la norma establecida (Romi, 1995). Como conclusión, a lo largo de este texto se recalca el hecho de que la conducta sexual humana no tiene una explicación única, es algo multifactorial, por lo tanto la violencia y delitos de índole sexual deben interpretarse bajo un enfoque multifactorial.

Resulta necesario que los expertos en el área tengan claros los enfoques desde el punto de vista psicológico que pueden explicar estas conductas, ya que de esta forma se pudieran generar estrategias efectivas para la prevención. Po último considero que además de conocer las teorías explicativas desde la psicología,   para hacer interpretaciones de delitos sexuales o conductas sexuales, es necesario el estudio de la sexualidad humana, área que en ocasiones se olvida al momento de tratar de explicar estas conductas.

Referencias


ResearchBlogging.org
Jiménez, P. (2009). Características psicológicas de un grupo de delincuentes sexuales Chilenos a través del Test Rorschach PSYKHE, 18 (1), 27-38

Pueyo, A. A.,, & Redondo, S. (2007). La predicción de la violencia Papeles del Psicólogo, 28 (3), 145-146

Romi, J. C. (1995). Reflexiones sobre la conducta sexual delictiva Revista de psiquiatría forense, sexología y praxis. De la Asociación Argentina de psiquiatría

Burgos, A. (2009). El ofensor sexual y su abordaje psicológico forense en Costa Rica Revista digital de maestría en ciencias penales de la Universidad de Costa Rica

Centro Nacional de Recursos sobre la Violencia Sexual (2005) Conclusiones del Informe Mundial sobre la violencia y la salud. Recuperado de: http://www.nsvrc.org.

Diario Oficial (2011). Título tercero de los delitos y las responsabilidades. Cámara de Diputados del H. Congreso de la Unión: Autor.

Ibáñez Peinado, J. (2012). Psicología e investigación criminal, la delincuencia especial. Madrid: Dykinson.

Soria, M. A., & Hernández, J. A. (1994). El agresor sexual y la víctima. Barcelona: BOXIAREU Universitaria.
sábado, 11 de abril de 2015
Por Unknown

Violación y Relaciones de poder III: Conclusiones y mirada hacia un futuro de prevención

Nota del autor: Las conclusiones presentadas a continuación se derivan de un breve análisis del discurso en tres testimonios de víctimas de violación, para un mayor acercamiento al método y análisis de los testimonios, ponerse en contacto con la autora. 


La cultura mexicana en la actualidad responsabiliza a las mujeres de los actos cometidos por los hombres hacia ellas, haciéndose evidente la relación de poder en cualquier nivel del abuso sexual. Existen víctimas con mayor riesgo de sufrir violencia, como las mujeres jóvenes, aisladas socialmente, dependientes económica y emocionalmente de sus parejas desde edades tempranas o las mujeres consumidoras de drogas o frecuentadoras de ambientes marginales, con antecedentes de maltrato. . Existen situaciones específicas, como la ruptura reciente de pareja protagonizada por la mujer o las condiciones de un divorcio conflictivo en relación con el régimen económico o la custodia y el régimen de visitas de los hijos, que propician la aparición de conductas violentas. Sin embargo  estos no son los únicos factores determinantes para que una mujer tenga mayor probabilidad de ser víctima, es necesario que se conjunten varios factores, como características personales o de su rutina de vida,. Desde esta perspectiva, el único responsable de las conductas violentas hacia la mujer, es  el agresor (Echeburúa, 2010:135). 

Actualmente las prácticas jurídico-penales se encuentran  orientadas a la denuncia, al aislamiento y en último término, al encarcelamiento masivo y prolongado de maltratadores y violadores. Esto refleja que los modelos actuales de prevención, tienen se fundamenta en  el control de los fenómenos delictivos. Los autores consideran que dichas estrategias punitivistas resultan poco realistas e ineficaces. Pues pese al empleo intensivo de estas estrategias, no se ha  logrado reducir ni el número de asesinatos de mujeres o las tasas de denuncia por maltrato, ni las agresiones sexuales extra o intrafamiliares.

“Prevención, es un término desgastado, más por usarlo indebidamente y retóricamente, que por hacerlo realidad mediante acciones concretas” (Echeburúa, 2010:237).
Hacer prevención significa emprender actuaciones de diversos tipos (educativas, sociales, de ayuda social y económica, de mejora urbanística), que tengan como objetivo, y que logren  disminuir las agresiones contra las mujeres. Esto último es muy importante: las acciones preventivas no se identifican y se justifican por su mera intención, sino por sus resultados, que deben poder ser evaluados. 

Aunque es evidente que la variable del sexo condiciona la prevalencia de los delitos y de las conductas violentas, en realidad tanto en varones como en mujeres es pequeña la proporción de personas que llevan a cabo comportamientos violentos graves y reiterados. Lo anterior quiere decir que,  más allá del factor del sexo, son las características individuales las que finalmente condicionan el comportamiento violento delictivo.

Aunque la mayoría de los esfuerzos de prevención se han enfocado en las mujeres, enseñarles estrategias de autoprotección como  no salir solas y a defenderse, está prevención seguirá siendo inútil para eliminar la violencia sexual, pues las mujeres seguirán siendo responsables de un acto que es cometido contra ellas y no se realizan esfuerzos para que se modifique al generador de violencia, que en la mayoría de los casos es un hombre (Tzompantzi, 2007: 61).

La prevención debería estar encaminada a una constitución de los programas de prevención que integren las relaciones de poder como eje transversal de las acciones cometidas por los agresores sexuales. Actualmente, se les da tratamiento terapéutico para tratar de encontrar como se desato su “desviación sexual”, pero solo basta con mirar  los expedientes carcelarios y resulta evidente que no todos los violadores fueron víctimas de violación, de hecho muchos de ellos tenían una vida sexual dentro de los parámetros de la normalidad. Eran ciudadanos ejemplares, padres, esposos, hijos y tíos;, entonces, ¿Qué los llevó a cometer esos tipos de actos violentos en contra de otra u otras personas?. Es evidente que buscaban llenar algo que les hacía falta en sus vidas diarias, y la respuesta, bien pudo ser la necesidad de controlar y sentirse dueños de alguna situación o de que una persona hiciera lo que querían cuando ellos lo querían. 

Los esfuerzos de la prevención se consideran generalmente en términos de prevención primaria, secundaria y terciaria. La prevención primaria implica esfuerzos de reducir la incidencia de un problema entre una población antes de que ocurra. La meta de la prevención secundaria, ha sido identificar servicios que ayuden a reparar el daño causado por la violación sexual. La prevención terciaria implica tentativas de reducir al mínimo el curso del problema una vez se causó el daño, que en este caso implica la identificación de la violencia sexual, los perpetradores, del control del comportamiento y su efecto, castigo y o tratamiento para los autores, por lo tanto la prevención primaria está enfocada al trabajo con hombres, la secundaria a víctimas de la violación y la terciaria a perpetradores de violación. (Wolfe y Jaffe, 2002; Funk, 2006 citado por Tzompantzi, 2007: 62) 
Así  la prevención resulta efectiva cuando se usan una variedad de tácticas de manera conjunta. Teniendo en cuenta que  la prevención debe estar enfocada a parar la violación, esto solo es posible si se trabaja con hombres, pues el único factor de riesgo para ser victimario sexual es ser hombre, tener un pene y ocuparlo como arma para controlar y dominar a una mujer (Funk, 2006 citado por Tzompantzi, 2007: 63).

Los principales mensajes epidemiológicos, señalan que  el mayor predictor para ser víctima de violación es la condición de ser mujer, mientras que el mayor predictor de ser perpetrador sexual es ser hombre, pertenecer a una cultura y/o subcultura que condona la violencia y denigra los roles femeninos. 

Desde el ámbito social, la prevención puede estar enfocada a la legislación, dado que está, es una forma de prevención dirigida a la población en conjunto. El encarcelamiento de los victimarios los mantiene fuera de las calles para evitar que sigan cometiendo violaciones, pero la pregunta más importante en la legislación contra la violación es si la sanción legal desalienta la violación sexual de los hombres no convictos. La certeza de castigo es efectiva para reducir la tasa del crimen, sin embargo, la severidad del castigo no lo es. El castigo está muy lejos de ser una solución para la violación. En términos de prevención, el castigo apoya la reforma legislativa y la política para ejercer su cumplimiento y proceso legal, de tal  forma  que se tenga la seguridad sobre el castigo a perpetradores y delitos sexuales. El cumplimiento riguroso de las sanciones legales en contra de la violación, mostraron un sentimiento público con respecto a lo inaceptable que es la violación y en consecuencia influirá sobre las normas de comportamiento. (Swift, 1985 citado por Tzompantzi, 2007: 63).

La legislación encaminada a codificar la igualdad de las mujeres y sus derechos en los ámbitos educativo, político y social, es solo una parte de las estrategias de prevención integral para eliminar la violación. Otra estrategia puede ser el desarrollo de capacidades, estas técnicas están diseñadas para prevenir ser víctima. Tiene potencial para reducir significativamente la incidencia de victimización en ciertas poblaciones huésped.
Luchar y oponerse es reclamar para sí el poder que la mujer tiene, es un acto que las mujeres deben reproducir en todos y cada uno de los círculos de la interacción social (Switf, 1985 citado por Tzompantzi, 2007: 63). 

Una propuesta para este plan de intervención, sería que se  elimine el plan de estudios y prácticas educativas sexistas, que promuevan la subordinación. La prevención de la violación requiere de la intervención en las escuelas para no reproducir el sistema de opresión contra las mujeres, así como una educación no estereotipadas.

Se debe tomar en cuenta que ninguna de las estrategias antes mencionadas tendrá el éxito deseado para evitar la violación si se hace por separado. La prevención de la violación requiere cambios simultáneos en las instituciones políticas, económicas, educativas y sociales, así como un cambio de cada uno de los sujetos pertenecientes a una cultura. 
Cómo cualquier otro problema social, la solución no solo depende los afectados, sino de toda la sociedad pues los problemas del otro son problemas nuestros; queda claro que comenzamos a ser éticos cuando nos responsabilizamos más por el otro que por nosotros mismos.

Referencias 

Echeburúa, E. y. (2010). ¿Porqué víctima es femenino y agresor masculino? La violencia contra la pareja y las agresiones sexuales. Madrid: Psicología Pirámide.

Tzompantzi, M. (2007). La opinión de los hombres con respecto al fenómeno de la violación sexual de las mujeres. (Tesis de Licenciatura) Universidad   Nacional Autónoma de México.

sábado, 28 de marzo de 2015
Por Unknown

Violación y Relaciones de poder: la violación que deja de ser un acto sexual para convertirse en un acto de poder (II)


La violación teóricamente es considerada como:

“Cualquier hecho que sobrepase los límites corporales y psicológicos de la persona. Es una acción forzada en la cual hay penetración vaginal, anal u oral del pene o cualquier otro sustituto del mismo, con carencia de consentimiento. Este tipo de violencia da como resultado un rompimiento de equilibrio físico, emocional, social y sexual del individuo (González, 1997 citado en Tzompantzi, 2007: 16)”.

La violación es un producto de las expresiones de la sociedad sexista que conceptualiza a la mujer como un ser inferior, incapaz de llevar a cabo las actividades que el patriarcado ha definido para hombres y, por ello, se le concibe como objeto sexual y blanco de violencia.
Para analizar las causas y las razones de la violencia es importante tener en cuenta los tres elementos que la conforman el agresor, la víctimas y la relación entre ambos.

Según Groth y Birnbaum (1980, citados en Tzompantzi, 2007), se distinguen tres componentes motivacionales que se pueden encontrar en la violación:

1) La violación por ira: En este tipo de violación, la sexualidad se ha vuelto un medio para expresar y descargar sentimientos. El agresor no busca satisfacción sexual, busca lastimar, castigar y humillar a su víctima, y ve a la sexualidad como arma para cometer su crimen. (Groth y Birnbaum, 1980 citados en Tzompantzi, 2007: 18)

2) La violación por poder: Su principal característica es que, el poder parece ser el factor dominante que motiva al victimario. En estos asaltos, el intento del victimario no es lastimar a la víctima sino poseerla. La sexualidad se vuelve un medio de satisfacción para los sentimientos principales de insuficiencia y sirve para expresar poder, fuerza, control, autoridad e identidad. Existe una necesidad desesperante de parte del victimario para asegurarse a sí mismo sobre su capacidad como hombre, la violación le permite sentirse fuerte, poderoso y que tiene el control sobre alguien más (Groth y Birnbaum, 1980 citados en Tzompantzi, 2007:18).

3) La violación sádica: Aquí se encuentra que, tanto la sexualidad como la violencia están fusionadas en una experiencia psicológica conocida como sadismo. La violencia se vuelve erotizada, y el victimario encuentra la deliberada e intencionada violencia sexual intensamente excitante y gratificante. En algunos casos, el victimario es un individuo que no puede alcanzar una supuesta satisfacción a menos que su víctima se resista físicamente. En casos extremos, podría matar a su víctima y mutilar su cuerpo. (Groth y Birnbaum, 1980 citados en Tzompantzi, 2007: 19).

Como se observa,  en cualquiera de los tipos de violación mencionados, se encuentra inmiscuido el uso del poder como eje principal para someter y controlar. Tales comportamientos pueden adoptar cuatro modalidades básicas: las agresiones sexuales por desconocidos, las que cometen algunos individuos sobre víctimas a las que conocen, las que se producen en el marco de relación de pareja (matrimonios, parejas de hecho, novios) y las agresiones sexuales realizadas en grupo.

Las diferencias entre las modalidades antes mencionadas pueden resumirse de la siguiente manera: “1) marco relacional o de interacción en que se produce la agresión ( si existen o no conocimiento y relación previas entre la víctima y el agresor); 2) la gravedad que puede tener para la víctima de una u otra modalidad de agresión, y 3) la etiología  de cada tipo de agresión sexual y el nivel de riesgo de futuras agresiones en función de las diversas categorías mencionadas  (Echeburúa, 2010: 123).

La violación sexual por un conocido, guarda relación directa con los roles de género en la sociedad patriarcal, pues las normas de género para las mujeres incluyen sumisión, respeto a la autoridad masculina, dependencia, virginidad y fidelidad; en tanto que para los hombres, las normas se relacionan con el poder, control e interdependencia, no mostrar emociones, correr riesgos, recurrir a la violencia para resolver conflictos, iniciar la actividad sexual y tener relaciones con varias personas. (Schuller, 2005 citado en Tzompantzi, 2007: 21).


La agresión en el contexto de las relaciones de pareja viene condicionada y fenomenológicamente definida por la existencia de una previa relación de intimidad entre el agresor y la víctima (Echeburúa, 2010: 139). Las agresiones sexuales en grupo se tratan de un fenómeno prioritariamente urbano y correspondería a una de cada tres agresiones sexuales juveniles denunciadas. El porcentaje de episodios en que se consuma la violación cuando se trata de una agresión grupal es claramente superior (más del 80% de los casos) que cuando se trata de agresores aislados (en que la agresión se completa en torno al 50 % de las ocasiones)” (Echeburúa, 2010: 140-141).

Las relaciones de poder en el delito de Violación

“La violación no es un acto sexual sino un acto de poder, de dominación” (Pérez, 2002). Desde  hace varios años atrás, la historia oficial la escriben los que tienen el poder y generan explicación de la realidad basada en su posición dominante, de esta forma, los hombres han escrito sobre las mujeres, los adultos sobre los niños, los pueblos ricos sobre los pobres, los opresores sobre los oprimidos;  en este sentido, la  opinión de quien no tiene poder suele ser silenciada. La historia de la agresiones sexuales es una historia de olvido y silencio, de una realidad negada tanto individual como colectivamente.

Como ya mencioné, la mayoría de los agresores sexuales condenados son varones (alrededor del 90%) y tienen como víctimas principales a mujeres jóvenes. En todos estos casos existen  diferentes tipos de poder, así se puede hablar de un  poder real o personal, y otro tipo de poder, que denominaremos poder sobre algo este supuesto poder es característico de los maltratadores, pero nunca suelen tenerlo tanto como quisieran. (Jayne, 2002).

El poder supuesto consiste en ganar, en llevar la razón, en dominar sobre las personas, lugares y cosas (poder de control, poder político, poder social). El poder personal  es aquel que permite tomar decisiones y emprender acciones sin culpar a los demás y sin hacerlos responsables de nuestros actos, Jayne (2002) propone que la violencia es la última expresión de poder. El poder se refleja en el uso del lenguaje, quizá sea un simple capricho de este pero está ya establecido en el pensamiento general que el agresor es masculino y víctima femenino, y más curioso aún, es que el término agresor dispone de su forma femenina, sin embargo, el término víctima solo parece tener forma femenina.

La sexualidad es tomada como instrumento de poder e ira por parte de los hombres. Los hombres son los poseedores universales de las mujeres, ellos pueden y deben apropiarse sexualmente de las mujeres con el fin de demostrarse a sí mismos y a los otros hombres su virilidad. (González, 2001 citado en Tzompantzi, 2007).  Bobbio (1989) habla de una interpretación relacional del poder, en la cual, por poder se debe entender como una relación entre dos sujetos, en la cual el primero obtiene del segundo un comportamiento que de otra manera no habría realizado. Lo anterior bien podría ser una definición de la violación si agregáramos el componente sexual, es por esta razón que se habla de las relaciones de poder como parte fundamental del delito de violación.

De igual forma que Bobbio propone,  Haugaard (2010) y los seguidores de Weber, en especial Dahl y Lukes reafirman: el poder como dominación, en tanto que el «poder» constituye la capacidad de A para hacer que B haga algo que de otra forma no haría. El discurso del hombre que maltrata a las mujeres y las domina está direccionado hacia su propia persona. Continuamente piensa en cuanto poder tienen los demás en comparación con él y “convierte su deseo de poder en el motivo primario de su comportamiento ofensivo”  (Jayne, 2002).

Pero, ¿cómo son las relaciones de poder? Tras aseverar que más de una veintena de rasgos distintivos de la relación de poder pueden encontrarse en la literatura especializada, Jiménez (2006: p. 24) alude particularmente a seis:

1. Es una relación dialéctica.
2. Es una relación probabilística.
3. Es una relación de dependencia.
4. Es una relación asimétrica.
5. Es una relación condicionada por la situación.
6. Es una relación causal.

Cuando Jiménez (2006: 24) menciona que las relaciones de poder son relaciones dialécticas, hace referencia a que “entre A y B debe existir algún tipo de interdependencia, vínculo, conexión o interacción reales”. El mismo autor, realiza esta especificación con la finalidad de excluir la posibilidad de que existan relaciones de poder entre agentes “ultraterrenos” o sobrenaturales.

Ahora bien, la interacción en las relaciones de poder deben ser, de alguna forma, acciones realizadas por los actores que ejercen el poder “provoquen” acciones en otros sobre los cuales es ejercido. Esta idea se acerca mucho a la noción de causalidad.

Foucault crea una distinción entre las relaciones de poder y las meras relaciones físicas de coacción: “la esclavitud no es una relación de poder cuando la persona está encadenada, sino justamente cuando puede desplazarse y en última instancia escapar” (1988:16). Existe cierta discusión sobre si la condición asimétrica o desigual de las relaciones de poder es absoluta o relativa, y entre sí, es inmutable o transformable.

Para Jiménez (2006: 25), “entre A y B hay una relativa desigualdad, del tipo que fuere. Lo que no excluye que, pasado el tiempo, o en otro escenario diferente, sea B el que ocupe la posición de A y sea distinta esa asimetría”. Lo que nos remite a los casos en que se argumenta que una persona que fue víctima de violación o abuso sexual durante su infancia tiene una mayor probabilidad de convertirse en agresor sexual en la edad adulta.

Referencias

Bobbio, N. (1989). Estado, Gobierno y Sociedad. México: Fondo de Cultura  y Económica.

Echeburúa, E. y. (2010). ¿Por qué víctima es femenino y agresor masculino? La violencia contra la 
pareja y las agresiones sexuales. Madrid: Psicología Pirámide.



ResearchBlogging.org Haugaard, M (2010). Democracy, Political Power, and Authority Social Research , 77 (4), 1049-1074

Jayne, P. (2002). Mujeres que sufren demasiado. Barcelona: Urano.

Jiménez B., F. (2006). Perspectivas teóricas y definicionales sobre el poder y la autoridad. En 
Jiménez B., F. (Coord.). (2006). Psicología de las relaciones de autoridad y de poder
Barcelona: Universitat Oberta de Catalunya.

Perez, F. (2002). Violador, un poder infame sobre las mujeres. Barcelona: Belocava.

Tzompantzi, M. (2007). La opinión de los hombres con respecto al fenómeno de la violación sexual 
de las mujeres. (Tesis de Licenciatura) Universidad Nacional Autónoma de México.

sábado, 21 de marzo de 2015
Por Unknown

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